Un quejío a las emociones contenidas.
Una invitación a ponerlas a danzar.
Una pieza de arte intimista, atemporal y delicada que honra el oficio, la presencia y las labores lentas y bien hechas.
A mano y con devoción.
Eso es una bolera.
La rabia. La ternura. El coraje. La delicadeza. La raza. Lo sublime.
Todo artista lo lleva dentro y al subirse a las tablas, la coraza cae y la intimidad queda expuesta.
Intensidad. Inmensidad. Identidad. Fuerza.
Así sanan la belleza y la cultura.
Por amor al arte en movimiento,